Fuente: Revista Mexicana de la Construcción

Desde la entrada en funciones de las nuevas autoridades del gobierno federal, ha existido mucha especulación sobre el rumbo que va a tomar en general la nación y en particular el sector vivienda.

Existe bastante claridad en cuanto a que contar con una vivienda digna es una necesidad básica y un derecho constitucional. También, aunque dependiendo de la fuente que se consulte, existen diferencias sobre el número exacto; en general hay consenso respecto a que el rezago existente es grande y se encuentra fuertemente focalizado en los grupos de más bajos ingresos. De igual forma, se reconoce que el beneficio que tiene la industria en la economía es muy alto. Tanto el desarrollo económico como el social van de la mano con el desarrollo inmobiliario.

En los últimos años, la industria se ha enfocado en la producción de vivienda nueva y el reciclamiento de vivienda usada, mayormente para adquisición. Es quizá por esta razón que el diagnóstico de las nuevas autoridades en la materia arroja que hace falta atender otro tipo de necesidades, como vivienda en renta, autoconstrucción y ampliación, por mencionar algunas, y sus programas se empiezan a decantar en esa dirección.

Coincidiendo en buena medida con ese análisis, para enriquecer el debate resulta útil hacer un recuento de ciertos elementos que también podrían ser importantes, ya que el reto es tanto cualitativo como cuantitativo.

Como aspectos positivos del sector, podríamos empezar mencionando que se ha reducido el número de asentamientos irregulares, tema que en sexenios anteriores era prioritario ante los altos costos de dotar de servicios a ese tipo de zonas; se ha generado un sector de vivienda formal como un instrumento del desarrollo al tratarse de un bien adecuadamente constituido que abona al patrimonio familiar; se ha avanzado de manera importante en materia de sustentabilidad, al diseñar mecanismos que incluyen apoyos de entidades financieras internacionales; se dio un paso importante también con la Ley General de Asentamientos Humanos, donde se reconoce que un adecuado ordenamiento territorial puede influir positivamente en las regiones, por mencionar algunos ejemplos.

Sin embargo, también ha habido puntos francamente negativos. La corrupción en el sector ha ocasionado que los programas se utilicen de manera discrecional, en detrimento del objetivo principal para el que fueron concebidos. No ha sido posible desarrollar mecanismos para atender el sector informal; los primeros intentos fueron usados con abuso. Como en muchos sectores, hay quienes trabajan bien y quienes no lo hacen; en el caso de las empresas desarrolladoras, algunas han generado proyectos que afectan la calidad de vida de las familias, y así han manchado el nombre de la industria en general.

La percepción negativa sobre los industriales de la vivienda es relevante porque establece un círculo vicioso: se crea más regulación, lo que en general se traduce en mayores costos y tiempos de ejecución, y esto a su vez limita mucho la posibilidad de llegar a los segmentos de bajos ingresos o de mejorar las especificaciones de los proyectos; además, el clima de desconfianza dificulta también la colaboración. Quizás debería replantearse el enfoque y simplemente sancionar a los actores que lo ameriten, evitando agregar complejidad a la industria. Quizás.

Como desarrolladora mayormente de vivienda nueva, que como otros intenta construir un proyecto honesto y quiere que las cosas funcionen, trato de identificar qué rumbo tomar haciéndome las siguientes preguntas: ¿Qué destino tendrá la vivienda nueva de bajos ingresos ante el reciente diagnóstico institucional? ¿Qué elementos de lo actual resultan útiles para la nueva visión? ¿Cómo podemos sumar fuerzas?

Hay que recordar que los retos son muy grandes. Ante las preguntas planteadas, mi opinión es que haciendo algunos ajustes enfocados en la regulación es viable llegar al segmento de bajos ingresos aun sin el uso de subsidios, con una solución más estructural. Se cuenta con una planta productiva valiosa, que tal vez requiera corregir el rumbo pero que podría aprovecharse para atender otras soluciones de vivienda; no considero que deba desmantelarse.

Estoy firmemente convencida de que trabajando a fondo, de verdad a fondo, en mejorar la eficiencia del sector, castigando las malas prácticas sin afectar a los buenos actores, se puede avanzar hacia un clima de confianza que propicie colaboraciones y permita tomar lo mejor de todas las visiones. Existe una gran posibilidad de encontrar soluciones de raíz, pero es indispensable sumar fuerzas.

Existe mucho conocimiento acumulado que puede aprovecharse: cuando los diagnósticos se hacen bien y se tiene cuidado a la hora de instrumentar las políticas nacionales, se trasciende; quizás la propuesta con el tiempo cambie de nombre, pero se trasciende.

Hay muchísima tela de donde cortar, pero necesitamos voluntad, hacer sinergia, poner manos a la obra y, sobre todo, estar dispuestos a escuchar. La nueva administración tiene la enorme oportunidad de diferenciarse, y es alentador percibir que muestran muy buena voluntad. ¿Por dónde empezamos?

Estimado lector, éste y otros artículos de interés los podrá encontrar en la Revista Mexicana de la Construcción No. 641 Octubre 2019