Fuente: Revista Mexicana de la Construcción

Las mipyme existen como expresión de emprendimiento, de crecimiento de la educación superior, pública y privada, de la consolidación de la clase media, de diversas modalidades de autoempleo, de la tradicional estructura familiar mexicana y también de la resiliencia de una sociedad consolidada a lo largo de más de 50 años de crisis recurrentes.

Es urgente revisar qué representa el segmento mipyme con una perspectiva amplia de la economía nacional y las circunstancias a las que la enfrenta la pandemia de Covid-19. Veamos: las mipyme, por número, ubicación y dispersión, cubren con sus servicios y actividad hasta el último rincón del país. Por su operatividad y estructura organizacional básicas se constituyen en conjunto en un tejido de unidades económicas, un verdadero sistema de alcance nacional por donde ya fluyen recursos y medios que se expresan en cifras muy relevantes de aportación al PIB y al índice de empleos.

Las mipyme, aun la más elemental, reúnen y procesan elementos productivos que generan valor agregado en forma incesante.
Lo que en esencia necesitan las mipyme para activarse como unidades productivas son nuevas oportunidades de negocio para producir sus efectos económicos y aportarlos al sistema del que forman parte.

Para conocer mejor a las mipyme, éstas deben visualizarse como una red de unidades económicas que constituyen un verdadero sistema circulatorio por el que fluye la liquidez nacional que sustenta el 57.5% del PIB y el 70% del empleo; están integradas por el 99% de las empresas registradas formalmente.

Cada año nacen y desaparecen miles de este tipo de unidades, pero tienden a mantenerse estables en su número global. Este fenómeno de permanente creación y desaparición de empresas sólo se explica en función de varios motivos:

  • La presencia de la institución familiar en México y su vigorosa tradición solidaria.
  • La resiliencia de una amplia porción de la población, que se nutre de una larga tradición de emprendimiento, creatividad y resistencia ante la adversidad que han propiciado las sucesivas crisis económicas y políticas de México en las últimas cinco décadas.
  • El autoempleo, que deriva de los altos índices de desempleo.

A lo anterior hay que añadir el creciente número de egresados de educación superior que concluyen su ciclo académico y no encuentran opciones laborales..

Las mipyme de la construcción procesan conceptos de mano de obra, materiales y herramientas para cumplir con objetivos constructivos específicos, apoyándose en una elemental estructura organizacional, capacidad de financiamiento y pericia, cualidades mediante las que genera empleo, utilidades y pago de impuestos (véanse figuras 1 y 2).

Desde la anterior administración del gobierno federal, la inversión de recursos públicos destinados a obras de infraestructura ha venido declinando. Durante los dos años de la actual administración no sólo se ha mantenido esa tendencia a la baja, sino que se han aplicado políticas públicas que afectan al sector constructivo. Es probable que esas políticas deriven en una apreciación de las mipyme doblemente equivocada, que por una parte las generaliza como fuente de corrupción, sin importar su tamaño, y por otra las confunde con sectores sociales para los que se aplican programas asistenciales.

Esta visión hace entendible la decisión federal de convertir al ejército en el gran constructor del sexenio, al igual que la de fomentar la autoconstrucción y transferir oportunidades de negocios que en forma tradicional procesaban las micro, pequeñas y medianas empresas a los que hasta hace poco eran sus clientes (sociedades de padres de familia, poblaciones rurales, etcétera).

Con estas acciones y la práctica generalizada de la asignación directa de obras y servicios resulta simple acreditar que los resultados de dichas políticas no abonan a la transparencia, eficiencia y calidad de las obras, ni fortalecen la recaudación fiscal, ni se genera el efecto multiplicador de la riqueza y el empleo que distingue al sector constructivo.

El conjunto de esas políticas tiende a restringir muy severamente el buen cumplimiento de los supuestos del artículo 134 constitucional, que señala: “Los recursos económicos de que dispongan la federación, las entidades federativas, los municipios y las demarcaciones territoriales de la Ciudad de México se administrarán con eficiencia, eficacia, economía, transparencia y honradez para satisfacer los objetivos a los que estén destinados.”

Hoy, los efectos económicos de la pandemia no han hecho más que agravar las condiciones generales de la economía, y particularmente de las mipyme. Por ello, una de las tareas más relevantes de la CMIC consiste en insistir en las coincidencias esenciales que existen entre las fortalezas del sector formal de la construcción, en particular del segmento mipyme, con la visión keynesiana que manifiesta el gobierno en voz del presidente de la República, respecto del uso intensivo de recursos públicos en obras de infraestructura como motor de crecimiento y recuperación (véase figura 3).

¿Qué hacer?

Deben plantearse propuestas específicas actualizadas en función del reporte más reciente del Instituto Nacional de Estadística y Geografía respecto a la pandemia y sus efectos en la economía.

Las circunstancias de decrecimiento que se pronostican para 2020 y que se confirman en dicho reporte son inéditas en cualquier sentido.

Los índices de decrecimiento tienen similitud con los que se manifestaron en el decenio de 1930. Sin embargo, esos mismos índices, a la luz del crecimiento actual de nuestro país, plantean retos realmente inéditos.

Las soluciones que se propongan deben ser también inéditas, particularmente porque la pandemia no ha sido sometida y la distribución masiva de vacunas se visualiza para el segundo semestre de 2021.

¿Qué hacer?: ésta es una pregunta que abarca a toda la economía nacional, y su respuesta atañe a todos.

En un sentido positivo, este reto ofrece a las autoridades nuevas oportunidades de corregir, ajustar o experimentar políticas públicas actualizadas de fomento al empleo y a la economía; a instituciones representativas como la CMIC, brinda oportunidades de diseñar y promover nuevas estrategias en el mismo sentido.

Las propuestas de la CMIC serán en esencia reiterativas. Lo novedoso será atinar con estrategias que permitan abrir las vías de comunicación y diálogo con las autoridades y de coordinación con otras representaciones empresariales para promover propuestas conjuntas que maximicen sus probabilidades de éxito. Las autoridades tendrán la última palabra.

Estimado lector, éste y otros artículos de interés los podrá encontrar en la Revista Mexicana de la Construcción No. 645 Agosto 2020