Fuente: Revista Mexicana de la Construcción

Los efectos económicos de la pandemia brindan a las micro, pequeñas y medianas empresas (mipyme) una oportunidad histórica para que su existencia y su importancia sea valorada en forma definitiva. Las mipyme son un fenómeno reciente en todo el mundo. Iniciaron su integración y crecimiento irreversible como un segmento diferenciado de la estructura empresarial de todos los países, en uno de los resultados económicos de la Segunda Guerra Mundial en el siglo XX.

El modelo económico concentrador de la riqueza que prohijó a las empresas grandes y gigantes, y el perfil piramidal de origen de la estructura empresarial de México, que permanece vigente hasta hoy, nació junto con el México moderno hace cinco siglos.

Las micro, pequeñas y medianas empresas (mipyme) son tan recientes como la consolidación de la clase media de donde provienen, forman parte de ella y la consolidan económicamente.

La clase media, a su vez, es uno de los resultados más visibles de las políticas de educación nacional de los países. La educación superior y la consolidación de la clase media en cada entidad federativa explican la actividad y dispersión de las mipyme en cada rincón de la geografía nacional. Este segmento de empresas conforma una cadena cuya ramificación tiene un verdadero alcance nacional y ofrece un enorme potencial para transmitir con eficiencia insuperable políticas de desarrollo económico por parte de los tres niveles de gobierno.

La volatilidad que caracteriza a este segmento económico, cuyas unidades en lo individual nacen y mueren por miles cada año, no altera su número global, su tendencia creciente ni su emblemática resiliencia.

La estructura piramidal que de origen define a la economía de México se manifiesta aun hoy en día en el sector de la construcción: de cada 100 empresas constructoras, cuatro son grandes y gigantes, y 96 son mipyme.

La inequidad de origen también prevalece: 80% de los recursos públicos destinados a obras de infraestructura se concentran en las empresas grandes y gigantes, mientras que el 20% restante se dispersa en las mipyme.

A esta inequidad se agrega también una medida de ineficiencia en el uso de los recursos públicos para producir empleo: 70% del empleo nacional lo producen las mipyme de la construcción, y 30% lo generan las empresas grandes (véase figura 1).


Estas cifras resumen el reto de cada administración federal, incluida la actual, para implementar efectivas estrategias de equilibrio económico a partir del uso más eficiente de los recursos públicos en obras de infraestructura.

Todos los gobiernos en el mundo, con mayor o menor rapidez, han ido entendiendo que las mipyme, más allá de si son buenas o malas, pocas o muchas, son la expresión más evidente de la realidad económica que hace posible la vinculación de cada rincón de sus geografías con políticas económicas centralizadas para promover el empleo, la generación de la riqueza y su muy rápida y equilibrada distribución (véase figura 2).

Las mipyme, por su número y dispersión geográfica generalizada, representan vivamente la economía de cada país, el puente natural entre el vértice superior de la pirámide y la base social menos favorecida.

Las mipyme son la mejor expresión del autoempleo. Es un segmento social que genera economía con o sin el apoyo de los gobiernos, y con frecuencia a pesar de ellos.

Las mipyme, finalmente, están vinculadas a las raíces más profundas de la cultura familiar de México. La inmensa mayoría de este segmento son empresas familiares.

La afiliación de la CMIC refleja con toda precisión a la estructura empresarial del sector formal de la construcción al que representa.

La CMIC reconoce el papel social que cumplen las empresas grandes y gigantes afiliadas a su representación, y al mismo tiempo destaca la importancia que las mipyme tienen para la economía de México, e impulsa a su favor la mayor parte de sus gestiones (véase figura 3).

La infraestructura física y organizacional que ostenta la CMIC, la de mayor alcance y profundidad de todas las representaciones empresariales vigentes, así como sus programas de impulso a la competitividad, se apegan con profunda congruencia a la dispersión geográfica de sus mipyme.

Los meses venideros, en los que se manifestarán los efectos de una de las grandes crisis históricas de México, ofrecerán oportunidades a nuestra organización empresarial para proponer al gobierno federal políticas nacionales que fortalezcan sus prioridades mayores.

La red de unidades económicas que actualmente están destruyéndose en todo el país podrá restablecerse con un dinamismo insuperable si se asume el efecto multiplicador de la riqueza que distingue al sector formal de construcción y el potencial que para generar empleos caracteriza a las mipyme.

Esencia de las mipyme

Las micro, pequeñas y medianas empresas son el puente natural entre la cúpula y la base de la pirámide social. La dispersión y número de las unidades económicas que integran su segmento tienen un alcance realmente nacional, y representan la verdadera fuente de generación de la riqueza de México y de cualquier país.

La suma de las pequeñas luces que representan en lo individual las mipyme en su conjunto puede iluminar en muy corto plazo a la totalidad de la economía nacional.
El gobierno tiene la palabra.

Estimado lector, éste y otros artículos de interés los podrá encontrar en la Revista Mexicana de la Construcción No. 644 Junio 2020