Fuente: Obras/ Juan Carlos Martínez

Un elemento que ha sido fundamental en esta transformación es la tecnología y las políticas con las que las empresas plantean un escenario de bienestar en el personal, opina Juan Carlos Martínez.

Desde el control de acceso a los inmuebles, hasta la operación, la edificación en la era COVID-19 se ha convertido en un verdadero reto para la industria.

Los controles sanitarios poco a poco se incorporan a las actividades. Muestra de ello son el incremento en costos que las empresas tienen que destinar a los presupuestos de administración del inmueble, al igual que la creciente industria de control de accesos.

Más allá del establecimiento de medidas sanitarias en los espacios de construcción, el distanciamiento social en la edificación plantea un dilema y una nueva dinámica que las constructoras buscan resolver con distintas estrategias.

De los protocolos, densidades y separación del personal, tras el cierre total de actividades producto de la jornada de sana distancia, el reinicio de actividades estableció cambios profundos.

Tomando como punto de referencia la Norma 035, desarrolladores, arquitectos, responsables de gerencia de construcción y una amplia red de distribuidores, surfean una ola de transformaciones en la manera que se construía hasta hace unos meses.

Las variables dirigidas a evitar contagios plantean un paradigma para las constructoras, dado que además del control sanitario, se deben cumplir los puntos específicos de los contratos de construcción respecto al tiempo, precio y calidad.

Es una tendencia que va de proyectos pequeños hasta obras de gran dimensión para garantizar el cumplimiento de los prospectos financieros, a través del adecuado control de costos.

Un elemento que ha sido fundamental en esta transformación es la tecnología y las políticas con las que las empresas plantean un escenario de bienestar en el personal, en este caso el de la edificación.

Con anterioridad, algunas constructoras habían atendido el impacto psicológico y la salud mental de los trabajadores. Sin embargo, ahora el bienestar de los empleados de la edificación todo va más allá.

El modelo encontró en la edificación pre conceptualizada, mediante el diseño BIM (Building Information Modeling), la base para integrar distintos formatos de edificación.

Es así que en la misma manera que el trabajo remoto hizo posible mantener la operación de múltiples empresas, en la construcción se instrumentaron medidas para reducir hasta 45% el número de trabajadores permanentes en la obra.

La forma de lograrlo fue generar una reingeniería de los procesos de edificación, al trasladar áreas como la fabricación de cortes, cubiertas y distintos elementos a talleres alternos, para ser colocados una vez que es requerido en el lugar.

Esta medida, que puede equipararse como edificar un lego, reduce el riesgo de contagio. Además de controlar los costos, crea una posibilidad de acortar el tiempo de ejecución de la obra, dado que pueden generarse procesos simultáneos con distintos contratistas involucrados en los procesos de construcción.

Así, la operación se concentra en mantener en la obra a topógrafos, señaleros y choferes, cuya presencia es posible gracias a un menor volumen de colaboradores a quienes se facilita aplicar medidas sanitarias y en algunos casos, horarios escalonados.

De esta manera, y a través de la participación de personal técnico capacitado para supervisar los elementos factibles de incorporar al modelo, es que distintas obras han podido avanzar, superando los tiempos establecidos antes del COVID-19.

Estos elementos se complementan con algunos modelos utilizados con anterioridad en los proyectos. Es el caso de las fachadas prefabricadas.

Atender la necesidad de que el regreso al espacio de trabajo sea seguro y rentable está probando resolver de manera eficiente las necesidades actuales en la edificación.