Fuente: La Jornada/ Alma E. Muñoz / Eduardo Villanueva

Una vez librados los escollos legales, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que el Aeropuerto Internacional General Felipe Ángeles se inaugurará el 21 de marzo de 2022.
Al dar el banderazo a los trabajos de construcción en la base aérea militar de Santa Lucía, garantizó que no faltarán recursos para el proyecto, uno de los prioritarios de su gobierno, con una inversión de 75 mil millones de pesos, a cargo de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

Sin ocultar su entusiasmo, aseguró que ayer fue un día histórico que permite demostrar en los hechos que se pueden resolver los problemas con eficiencia, austeridad y honestidad, en referencia al sabotaje legal que emprendió un grupo interesado en que no se llevara a cabo la obra.

Fuentes de la Sedena informaron que para cumplir con el plazo solicitado por el Presidente al encargado de los trabajos, general Gustavo Ricardo Vallejo Suárez, se emprenderá la obra en 17 frentes simultáneos y se contratarán aproximadamente 10 mil trabajadores externos, coordinados por 600 especialistas de las fuerzas armadas y 60 ingenieros militares.

La terminal en Texcoco, especie de Fobaproa

López Obrador aseguró que en dos años y medio se dará a la Ciudad de México todo un sistema aeroportuario metropolitano con las dos nuevas pistas que se construirán en Santa Lucía, las dos de la actual terminal aérea capitalina y la de Toluca, lo que permitirá resolver las necesidades de los próximos 80 años.

El mandatario activó una alarma sonora para poner en marcha la maquinaria pesada, mientras sobrevolaban dos helicópteros MI-17, con una bandera nacional y una manta donde se leía: Inició construcción AISL.

Desde temprana hora, en su conferencia de prensa en Palacio Nacional, celebró el allanamiento de los procesos legales contra del aeropuerto, destacando la importancia de revertir el proyecto en Texcoco, que era un despropósito, porque había muchos intereses creados alrededor de esta obra; era como el símbolo de la gran corrupción, una especie de Fobaproa si hubiésemos caído en esa trampa.

Luego, en Santa Lucía sentenció: no podemos hacer obras faraónicas habiendo tantas necesidades en el país. Se comprometió a que se transparentará todo lo que se invierta en el aeropuerto que, en suma –el pago de bonos y liquidación de empresas constructoras del proyecto cancelado–, ascenderá a 180 mil millones de pesos.

Aun así, dijo que se obtendrá un ahorro de 120 mil millones de pesos, comparado con los 300 mil millones que se estimaron inicialmente para la obra en Texcoco, cuyo costo final seguramente iba a dispararse.

Puso de ejemplo que el tren Toluca-Ciudad de México pasó de 30 mil millones de pesos a 90 mil millones. “Si esto –aunque es un simple supuesto– se hubiera repetido en el caso del proyecto de Texcoco, estaríamos hablando de una inversión cercana a un billón de pesos”, dijo.

Insistió en que fue mejor optar por Santa Lucía, porque tiene suelo firme, mientras en Texcoco se edificaba en “fango, una zona de hundimiento permanente… La historia lo dirá, pero fue la mejor decisión”.

Previamente, el consejero jurídico de la Presidencia, Julio Scherer Ibarra, exhortó a no permitir que esa obra provoque más divisiones. México no tendrá el aeropuerto más lujoso del mundo, pero sí uno austero, funcional, digno y moderno, destacó.

El general Vallejo Suárez detalló que Santa Lucía contará con pistas de concreto hidráulico, terminal de combustibles, tren urbano y autobuses que lo conectarán con la capital del país, así como espacios comerciales y de hoteles, cumpliendo con todas las normas internacionales.

A la ceremonia asistieron la mandataria de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum; los gobernadores del estado de México, Alfredo del Mazo, y de Hidalgo, Omar Fayad, así como integrantes del gabinete.