Salario mínimo y modelo de crecimiento excluyente

En diciembre de 2016, Eduardo Torreblanca nos preguntaba a sus invitados en una mesa de análisis, si el bajo salario mínimo en México
era principalmente un problema del modelo económico o ético.

Fuente: El Universal/ Pablo Álvarez Icaza Longoria

Luis Pazos respondió que era ético, luego yo respondí que era del modelo económico, Ernesto O’Farrill coincidió con Pazos y Ricardo Becerra dijo que de los dos.

Mi respuesta se basaba en que la fijación del salario mínimo se ha usado como una ancla antinflacionaria y que el modelo de promoción de exportaciones buscaba ganar competitividad a partir de bajos costos salariales, lo que permitiría promover la inversión nacional y extranjera.

Durante el tercer trimestre de 2016, 15.1% tenía ingresos hasta un salario mínimo, 26.2% más de uno hasta dos salarios mínimos, y 7% no recibía ingresos (se incluye a trabajadores por cuenta propia dedicados a actividades agrícolas de subsistencia), por mencionar a los estratos críticos.

Para el pasado trimestre, los porcentajes fueron respectivamente: 14.1%, 26.1% y 6.6%. Esto es, 20.7% de la población ocupada, una de cada cinco, sigue ganando menos de un salario mínimo.

Por otra parte, el temible efecto faro no se dio. A pesar de que el salario mínimo aumentó 9.58% en enero de 2017 a 80.04 pesos el día, el incremento salarial contractual nominal en las Jurisdicciones Federal y Local en el periodo enero-agosto promedió 4.7%, por lo que en términos reales hubo una contracción de 0.95% y con una tendencia negativa, ya que en agosto el alza nominal fue de 4.2% y la variación real fue de -2.28% porque la inflación en tasa anual ese mes alcanzó su tope (6.66%).

El alza de la inflación se generó por el impacto directo e indirecto del incremento de los energéticos en enero y por el traspaso rezagado del tipo de cambio a los precios, como lo volvió a ratificar el Fondo Monetario Internacional el pasado día 13 en el anuncio de la Consulta del Artículo IV con México.

De hecho, la liberalización plena del precio de la gasolina se pospuso para fecha indefinida para evitar un efecto inflacionario, lo mismo que las tarifas eléctricas con el alza a los subsidios, obviamente para evitar que repercuta en las elecciones del 1 de julio de 2018.

Recordemos que cuando se autorizó el alza de 2017, para el resto de los salarios profesionales se fijó un tope de 3.9%.

Este año se repite la dosis, un aumento al salario mínimo de 10.39% a 88.36 pesos, esto es, de 8.32 pesos diarios como un monto independiente de recuperación (MIR), y un incremento de 3.9% a los salarios mínimos profesionales; por lo que cada vez se acercan más estos al mínimo general.

De las pocas cosas buenas que tiene el aumento, es que al decretarse su aplicación a partir del 1 de diciembre, tendrá efectos favorables en los aguinaldos de la población. Sin embargo, va a despertar un gran malestar porque sigue estando por debajo de 95.20 pesos, que es la Línea de Bienestar que estima el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Finalmente, se impuso el criterio del Banxico. Agustín Carstens había recomendado recientemente prudencia en la decisión de aumentar el salario mínimo para evitar un impacto en la inflación en una reunión con el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), que se había opuesto a la propuesta de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) de subirlo hasta 95.20 pesos.

2017-11-27T10:00:06+00:00 noviembre 23rd, 2017|Economía|