Reconstruir la CDMX

Fuente: Revista Mexicana de la Construcción

Una de las tareas más urgentes para la capital de nuestro país es reconducir el proceso de reconstrucción y sentar las bases para un desarrollo urbano más incluyente y participativo. A fin de sumar esfuerzos y revitalizar la participación de todos los agentes involucrados, los días 15 y 19 de junio de 2018 se llevaron a cabo los “Diálogos 19S. Reconstruyamos nuestra ciudad”, organizados por la Cámara de Diputados y algunas organizaciones de la sociedad civil. Se presenta aquí un resumen del encuentro.

Fueron cinco las mesas de diálogo en las que se abordaron los distintos aspectos y tareas pendientes de la reconstrucción en la Ciudad de México después del sismo del 19 de septiembre pasado. Para cada una se hizo un ejercicio de diagnóstico sobre lo realizado hasta la fecha y la organización tal como ha sido de hecho, para después exponer propuestas de continuidad o cambio con el fin de llevar el enorme y complicado proceso por buen camino. En lo que sigue se expone lo esencial de cada mesa temática.

Facultades de las autoridades y procesos para la atención a damnificados
Tomando en cuenta que cada autoridad puede ejercer sus propias facultades, hace falta coordinación. La Ley de Reconstrucción contribuye a la poca coordinación y comunicación de las autoridades. Además, se otorgan facultades a las alcaldías en esta materia que tienen que ver con revisiones y sanciones. A todo ello se suma una nueva legislación en la esfera del Ejecutivo federal que crea una Secretaría de Protección Civil. Es una realidad compleja de fragmentación y difícil coordinación.

En contraste, hubo aciertos previos al sismo, como el Reglamento de Construcciones, que ha ido evolucionando con el tiempo. La UNAM y la UAM generan mucha investigación sobre seguridad estructural, y con base en esos trabajos se hacen modificaciones y adecuaciones al reglamento; el aprendizaje continúa después del sismo de septiembre pasado.

Las instituciones requieren técnicos, que deben definir los pasos a seguir. La CDMX necesita especialización en cada órgano; hay una falta de capacitación e interlocución entre todas las autoridades.

No existe una cultura de protección civil; se carece de criterios diferenciales y procedimientos claros para atender necesidades específicas por colonia e inmuebles. También hay una falta de certeza jurídica.

La primera comisión de reconstrucción no funcionó debido a la poca transparencia de los recursos. Actualmente es necesario establecer qué es lo más urgente. Con base en tal diagnóstico, se formulan las propuestas genéricas desarrolladas en los siguientes apartados. Se tienen que adecuar los protocolos de actuación; las leyes limitan a los funcionarios y la liberación de recursos, y de este modo no se pueden contratar empresas para mover los escombros. La Secretaría de Protección Civil y el C5 capitalinos deben tener capacidades institucionales y atribuciones para poder colaborar en la atención de sucesos como el terremoto. Todos los entes tienen que tener claro cuál será su función.

La Ley de Reconstrucción tiene muchas deficiencias, y la experiencia con los damnificados debe enriquecerla.

La profesionalización debe ser continua, no darse sólo a raíz de un siniestro. Si no hay profesionalización, no se pueden atender las emergencias. La sistematización y el uso de tecnología e instrumentos para generar información permitirá conocer los detalles y requerimientos. Es necesario formar líderes y coordinadores sociales, y establecer procesos y mecanismos para que la ayuda fluya de manera rápida y directa.

Para cerrar el tema, se hicieron propuestas legislativas específicas. Se solicita a la Cámara de Diputados legislar en materia de protocolos de recursos lo antes posible. La ley también debe contemplar los distintos casos de damnificados, por ejemplo, aquellos que son jubilados, para quienes resulta difícil la asignación de un crédito.

Censos y funcionamiento de la comisión
De acuerdo con el ejercicio diagnóstico realizado, se requiere establecer una metodología integral y adecuada para censar; aunque se tiene ya el censo, las acciones necesarias posteriores no se están realizando.

Debido a que la Ciudad de México no tiene riesgo, sino certeza de sismo, el ejercicio de diagnóstico debe ser permanente como pauta de qué y cómo se tiene que hacer al presentarse un terremoto.

Se han desarrollado muchas acciones aisladas; se tiene una ley desde diciembre, pero no hay precisión. Las propias autoridades no se coordinan. La Comisión para la Reconstrucción (CR) debe ser la cabeza. Ésta comenzó a laborar en marzo de 2018 y ha pasado por un proceso de aprendizaje importante. Ese grado de madurez debe aprovecharse.

Las propuestas genéricas en este tema son contar con censos traducibles a atlas de riesgos; la CR debería estar trabajando con una visión megalopolitana y metropolitana; necesita echarse a andar el concepto de “sentido de urgencia”, lineamientos ágiles y la consigna de no entorpecer las acciones. La comisión no debería lidiar con la atención de damnificados; éstos tendrían que ser atendidos por otras áreas de gobierno. Es necesario incluir de manera más eficiente a ingenieros, especialmente a los jóvenes, como reconstructores y directores responsables de obra; en contingencias, es necesario ser más incluyentes.

Reconstruir es distinto de construir, por lo que se tiene que desarrollar una metodología específica, lo cual está tratando de hacerse.

Infraestructura pública dañada, atlas y prevención de riesgos
El de la infraestructura hidráulica es un tema central, sin olvidar los sectores de energía, alimentación, salud y educación. La capital del país debe verse como un sistema complejo no sólo en referencia a sismos, sino también para otros fenómenos. La extracción de agua del subsuelo para consumo afecta el suelo de la Ciudad de México, sobre el cual se asientan las estructuras susceptibles de daños durante sismos.

En el riesgo ante sismos también tiene que considerarse que la tendencia de construcción deseable hoy es vertical, no hacia la periferia. En este tema es insoslayable el papel de la tecnología aplicada al tipo de suelo de la ciudad.

Más que atlas, hay que generar sistemas de información sobre riesgos; asimismo, es necesario alinear los instrumentos normativos con ellos. La generación de estos instrumentos debe ir a la par con muchas otras acciones, como incentivar la penetración de seguros, fijar la manera en que debe darse la colaboración de la ciudadanía en caso de desastre y contar con espacios públicos flexibles para ser usados como centros de logística. Estos instrumentos también deben ser utilizados para la planeación del desarrollo urbano.

El atlas debe ser cercano a la población, tanto como una guía de vialidades; en él deben incluirse las zonas de riesgo no sólo de sismo sino también de inundaciones, y la localización de industrias de riesgo. Tal herramienta debe estar coordinada por el gobierno e involucrar a técnicos y a la sociedad civil, a la que está dirigido.

Con el fin de generar conciencia, la alerta sísmica debería activarse una vez cada mes, tal como se hace en otros países.

Es necesaria la profesionalización de los cuerpos de protección civil de las alcaldías, que en el desastre pasado entorpecieron muchas actividades.

Se requiere también que las universidades apoyen programas para la autoconstrucción, con el fin de reducir la vulnerabilidad de esta actividad. La Alianza para la Regeneración Urbana está encabezando el esquema piloto de “barrio resiliente”, que busca capacitar a grupos de vecinos para que estén mejor preparados.

  • Más que atlas, hay que generar sistemas de información sobre riesgos; asimismo, es necesario alinear los instrumentos normativos con ellos. La generación de estos instrumentos debe ir a la par con muchas otras acciones, como incentivar la penetración de seguros, fijar la manera en que debe darse la colaboración de la ciudadanía en caso de desastre y contar con espacios públicos flexibles para ser usados como centros de logística. Estos instrumentos también deben ser utilizados para la planeación del desarrollo urbano.

Adicionalmente, es preciso integrar criterios de resiliencia en zonas de valor ambiental como Xochimilco. Hay que aprovechar la experiencia del 19 de septiembre para discutir otros riesgos, no sólo naturales sino también antropogénicos, como el crimen; recurrir de manera constante a la validación y revisión de estructuras, como sucede en temas de salud, y fortalecer el Sistema de Aguas de la Ciudad de México para reducir la vulnerabilidad de la ciudad en materia hídrica.

Financiamiento de la reconstrucción
Hay dos maneras de evaluar una emergencia como la vivida desde el punto de vista del financiamiento: cuánto dinero hay disponible y cuánto se necesita para reconstruir lo dañado. Un buen proceso parte de la segunda pregunta.

Con este marco, las propuestas incluyen valorar el tipo de recursos de los que se puede echar mano –en general son de tipo fiscal, pero también los hay no fiscales provenientes de, por ejemplo, fondos internacionales o captación de plusvalía–. La propia ley facilita el otorgamiento de créditos a damnificados, que pueden provenir de la rama no fiscal. Asimismo, parte de los recursos tiene que destinarse al estudio de las zonas dañadas para saber si es viable reconstruir ahí y establecer un periodo de reedificación razonable. Debe hacerse un ejercicio interdisciplinario, es decir, formar un grupo de expertos en distintos ámbitos para garantizar la calidad y seguridad de las estructuras a reparar; esto ha de acompañarse de estudios geotécnicos en cada uno de los inmuebles a reparar o reconstruir. Aprovechando esto, los nuevos edificios de vivienda, más densos, pueden hacerse de tal manera que ahorren hasta 70% en consumo de agua y 50% en energía eléctrica, y la mejora de espacios públicos e infraestructura circundantes.

Contar con un inventario de la vivienda que necesita ser financiada ayudaría a planear más efectivamente cualquier programa de financiamiento.
Es necesario hacer que la riqueza que genera la Ciudad de México sea capaz de financiar por sí misma la infraestructura y los servicios; dar el mejor uso posible a los recursos, con particular énfasis en que lo que paguen las empresas como costos de mitigación, en el marco de un mecanismo de captación de plusvalía, se traduzca en obras que la ciudad realmente necesite, y documentar todos los procesos de prevención y reacción ante desastres para depurarlos, encontrar áreas de mejora y estar siempre lo mejor preparados posible para la próxima contingencia.

Transparencia y rendición de cuentas
Los mecanismos de transparencia y acceso a la información existentes son muy útiles y cumplen su objetivo cuando la ciudadanía se involucra y participa activamente. Transparentar recursos a través de portales digitales no sólo es dar a conocer montos, sino también controlar el camino que recorren desde su aprobación hasta su uso final.

El Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales creó un micrositio para mejorar los instrumentos de acceso a la información, así como un tablero de control a disposición general en el que se puede conocer cuánto dinero está destinado a qué instancia y por qué.

Se propone, entre otros puntos, abrir el espectro de lo transparentado, homologar las herramientas de transparencia en todo el país y ampliar la colaboración con los sujetos obligados en el ámbito federal pero también en el estatal.

La mejor manera de depurar los procesos de acceso a la información y la calidad misma de lo hecho público es alentando a la ciudadanía a ser proactivos en el ejercicio de este derecho. Se requiere continuar fortaleciendo los mecanismos en existencia y denunciar cualquier irregularidad; así puede mitigarse la discrecionalidad.

Conclusiones
La falta de información y orientación por parte de la autoridad, la duplicidad de funciones y la ausencia de coordinación entre dependencias son las principales causas de retraso en la reconstrucción; deben atenderse para hacer eficiente la atención a personas afectadas por el sismo.

En una consulta en línea a través del sitio web www.dialogos19s.mx, el 18% de los participantes opinaron que la falta de información entorpece la reconstrucción; 15% dijo que el obstáculo principal es no contar con un dictamen de seguridad estructural, y 12%, que la ausencia de un formato de inspección postsísmica también dificulta la atención.

Asimismo, es necesario contar con un comité de expertos que analice caso por caso de las personas afectadas, introducir una visión de derechos humanos en la reconstrucción para fortalecer la visión social del territorio, y tener la capacidad de ofrecer diferentes tipos de programas, pues son diferentes las características tanto de las personas como de las viviendas afectadas.
Estas conclusiones servirán para trazar un mapa de ruta con el fin de facilitar la atención a personas damnificadas, y se integrarán en un documento técnico de trabajo que será entregado a las administraciones actual y próxima, con la finalidad de que quede garantizada la atención a las personas afectadas sin importar quién gobierne la Ciudad de México.

En una consulta en línea a través del sitio web www.dialogos19s.mx, el 18% de los participantes opinaron que la falta de información entorpece la reconstrucción; 15% dijo que el obstáculo principal es no contar con un dictamen de seguridad estructural, y 12%, que la ausencia de un formato de inspección postsísmica también dificulta la atención.

Estimado lector, éste y otros artículos de interés los podrá encontrar en la Revista Mexicana de la Construcción No. 634 Julio-Agosto 2018

2018-08-15T11:32:00+00:00agosto 13th, 2018|Revista Mexicana de la Construcción|