Fuente: El Heraldo de México/ Humberto Ibarrola Díaz

El desarrollo económico y social de México requiere una extensa red de caminos que proporcionen infraestructura adecuada para el transporte terrestre de personas y mercancías, así como la conectividad con otros sistemas de transporte, como: aeropuertos, puertos y ferrocarriles y, hoy más que nunca, entender la necesidad preponderante de conectividad con las zonas urbanas y los centros logísticos o puertos secos que permita eficientar las operaciones del transporte y reducir costos de operación.

En este sentido, México cuenta con una red de caminos que rondan 375,000 km, de los cuales 180,000 km son caminos pavimentados y 9,800 km autopistas de cuota, entre las cuales se encuentran los corredores carreteros que comunican puntos estratégicos comerciales del país, uniendo puertos de altura con puntos fronterizos, centros de distribución y las principales ciudades del país.

Respecto a los puertos marítimos existen 102 puertos y 15 terminales fuera de puerto, 78 aeropuertos y aproximadamente 27,000 km de vías férreas en el territorio nacional.

Para dimensionar la importancia de la infraestructura, en particular las carreteras para el desarrollo económico del país, actualmente 57% de la carga se moviliza mediante autotransporte de carga, 550 millones de toneladas, siendo también el medio de interconexión entre los otros modos de carga, como el marítimo, aéreo y férreo.

Respecto a la movilización de pasajeros, se registraron 3,700 millones por la vía terrestre, lo que representa 95.8% del total de personas en el país.

Según diferentes estudios de organismos internacionales, las carreteras de un país dominan el transporte y son el principal medio para movilizar mercancías y pasajeros aportando al PIB entre 5 a 15 por ciento.

Uno de los principales indicadores para comparar las condiciones de competitividad de los países, son los que emite el Foro Económico Mundial (WEF), en el que ubica a México en términos generales en la posición 51 de 140 países evaluados. En el pilar de infraestructura, en particular en la calidad de las carreteras, nos ubica en el lugar 51 de 137. Respecto a ferrocarriles nos ubican en la posición 65, en puertos en la 62, y de aeropuertos en el lugar 67, estableciendo una calificación global para infraestructura de 62.

En la última década o poco más, se han realizado inversiones sin precedente; sin embargo, los resultados no han sido los mejores, por lo que parece necesario se reenfoquen los esfuerzos para reducir estas brechas. Ahora que se encuentra en preparación el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, de donde se generará el Plan Nacional de Infraestructura, se deberán aportar todos los conocimientos y experiencias de los expertos a fin de lograr planes con objetivos realizables que permitan reducir el impacto que tiene el transporte en la competitividad de México.

En términos económicos, el Banco Mundial ubica a México en la posición 15 de 195 naciones, con un valor de su economía de 1.14 billones de dólares, que representan 1.54% de la economía global; sin embargo, entre esos 15 países existen grandes brechas que debemos reducir. En los últimos años se han logrado desarrollar algunas herramientas que podrían implementarse para mejorar esas calificaciones.

La Ley de Asociaciones Público-Privadas y el mecanismo de Propuestas No Solicitadas (PNS) son procedimientos de gran utilidad para atender algunas demandas o necesidades de proyectos regionales o proyectos muy puntuales, que pueden aportar gran valor para el desarrollo de infraestructura y con esto contribuir a los esfuerzos que realiza el Gobierno Federal en esta materia.

Parece pertinente comentar que en el caso de las Asociaciones Publico-Privadas, hoy existen recursos disponibles a través de la Banca Comercial, Fibras o Cecades (Certificados de Capital de Desarrollo) que están ávidos de conocer proyectos para realizar inversiones que aporten valor, en particular en sistemas de transporte; lo cual amerita un acercamiento entre la Iniciativa Privada y gobierno para identificar oportunidades de desarrollo. Desde 2002, se diseñaron nuevos esquemas de asociación Público-Privado, mismos que a partir de 2007 se da continuidad a los programas de APP en México, por lo que hoy existe gran experiencia en la sociedad para explotar estos mecanismos.

En el caso del mecanismo para presentar Propuestas No Solicitadas (PNS), parece conveniente se revisen los tiempos y elementos para presentar una propuesta, ya que actualmente son un sinnúmero de pasos, tiempos y requisitos que prácticamente se vuelve inviable utilizar el esquema. En términos generales plantea entregar el Proyecto Ejecutivo completo para analizar su viabilidad.

En este sentido la Revista Forbes en su publicación International Finance Corporation febrero 15, 2016, de acuerdo con el estudio de la “Public Private Infrastructure Advisory Facility (PPIAF, por sus siglas en inglés)”, organismo del Grupo Banco Mundial, establece que dadas las circunstancias de México, su estabilidad económica, un mercado competitivo y necesidades identificadas, la complejidad legal, técnica y financiera en la estructuración de APP sobrepasa la capacidad del gobierno, lo cual amerita analizar el esquema y ver la forma de aligerarlo para llevarlo a cabo. Un ejemplo: para el ejercicio fiscal 2016 sólo fueron aprobados 10 proyectos APP a nivel federal, lo cual contrasta con el ambicioso Plan Nacional de Infraestructura 2014-2018, que planteó obras estimadas en más de 7.7 billones de pesos.

La complejidad de los proyectos APP recae en la correcta asignación de riesgos entre las partes pública y privada, es decir, el desarrollo de un contrato balanceado, y las PNS no son la excepción.

Es aquí donde la planeación, la Ingeniería y la gerencia de proyectos, entre otros, toman gran relevancia. Contar con un sistema de Planeación de Infraestructura claro y con objetivos alcanzables, es y debe ser desarrollado por ingenieros preparados, apoyándose con profesionales de otras áreas, así se logra que los proyectos hayan sido filtrados por criterios técnicos, de factibilidad económica y socialmente responsables, además de una revisión transversal con otras infraestructuras, con lo cual se reduce la posibilidad de desviaciones en calidad, tiempo y costo.

Para lograr lo anterior, es necesario contar con especialistas en diferentes materias técnicas para realizar los estudios suficientes, analizar los elementos muestreados, los cuales se tomarán en cuenta para elaborar un Anteproyecto de Calidad.

Por último, la Gerencia de Proyectos que habitualmente se concibe para coordinar una obra, es de la mayor importancia cuando se trata de proyectos de infraestructura se implemente desde la gestación del proyecto, ya que es el vehículo que permitirá además de coordinar a todos los actores, determinar los riesgos y apoyar en la toma de decisiones para lograr reducir los costos.

Los retos son grandes, alentadores y desafiantes, pero con inteligencia, procedimientos claros e ingenieros preparados para la planeación, construcción, conservación y operación de la infraestructura para el transporte, y según muestra la experiencia y práctica de otros países, por ejemplo Japón o China que llevan a cabo estas etapas, permite asegurar las calidad de sus Planes y Proyectos, lo cual se refleja en el estado físico de su infraestructura del transporte logrando preservar y aumentar los beneficios para su sociedad.