Los recursos fiscales en México no son suficientes para la construcción
de la infraestructura que se requiere para ser competitivos. Desde que digerimos
esta triste realidad, hemos estado debatiendo y experimentando sobre cual será la mejor
forma de financiarla.
Mientras que en nuestra inmadura
democracia, no logremos los acuerdos necesarios para las grandes reformas legislativas,
que permitan que el Estado logre una suficiente recaudación de recursos, estamos
obligados a buscar alternativas creativas para resolver el rezago de infraestructura. Con
esto se desarrollarán las demás actividades productivas, y así alcanzaremos las metas
de productividad y competitividad anheladas.
Hoy, en el sector financiero de nuestro
país, uno de los cuellos de botella se encuentra en el debate sobre quien debe asumir el
riesgo que existe DURANTE EL PROCESO DE CONSTRUCCIÓN de las obras de infraestructura.
En el caso típico, se asume que una vez terminada esta etapa, el proyecto u obra
generará los flujos necesarios para pagar la deuda que se haya contratado.
Por un lado, la banca comercial sugiere
que sea la banca de desarrollo quien se arriesgue aportando garantías para
detonar el crédito, y en algunos casos extremos, todavía se habla del dinero a
fondo perdido. Por el otro lado, la banca de desarrollo está regulada al
grado de tener que comportarse como banca comercial. Por si esto fuera poco, la
fianza, el instrumento diseñado para tomar el riesgo sobre el cumplimiento de ejecución
de una obra en calidad, tiempo y costo, ahora se comporta como un crédito.
La realidad es que el único
responsable de llevar a feliz término el proceso de construcción de una obra de
infraestructura, es nada mas y nada menos que la empresa constructora. El problema
es que esta, en la mayoría de los casos, no está lo suficientemente capitalizada y por
consecuencia se ve limitada para conseguir el financiamiento necesario.
Ante esta realidad, el empresario
constructor líder sale a buscar socios capitalistas, o bien, capitales provenientes de
otros giros incursionan en la construcción. Esta es una solución natural, sin
embargo, la mayor parte de la planta productiva está condenada a volverse sub-contratista
cobrando precios que jamás permitirán utilidades capitalizables y por consecuencia no
tendremos una capacidad de producción nacional robusta y competitiva. Y de salir a
vender en otros países, ni soñemos.
La propuesta de nuestra Cámara
consiste en cambiar de enfoque. En lugar de debatir sobre quien debe tomar el riesgo
construcción, ideando productos financieros cada vez mas enredados, que pretenden sacarle
la vuelta a dicho riesgo; tomemos al toro por los cuernos y dialoguemos sobre como
fortalecer a nuestras empresas, y que a la larga, sean estas, las que lo puedan tomar.
El riesgo construcción
no es tan peligroso como pretenden verlo desde los comités de riesgo del sector
financiero. La prueba está a la vista cuando observamos todas las obras que se
construyeron con recursos fiscales. Es el mismo miedo el que inhibe el correcto
desarrollo de las obras por falta de recursos.
La mesa para el diálogo está servida
a través del Consejo Nacional de Infraestructura. Aprovechemos esta magnífica
herramienta de comunicación participando proactivamente en las mesas de trabajo.
El equipo México está
conformado por nuestro gobierno, nuestros bancos, nuestras empresas y nuestros
trabajadores. Ninguno de los jugadores ganará el partido por si mismo. Es un
juego de equipo.
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