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El valor de la construcción en México durante el 2004
fue de alrededor de 800 mil millones de pesos. De este monto, la empresa constructora con
más participación en el mercado no llega al 3%. Además, la población de
empresas constructoras mexicanas, en un gran porcentaje (90-95%) tiene ventas anuales de
menos de 100 millones de pesos. Esto equivale a una participación en el mercado
ligeramente por arriba del 0.01% en promedio. Podríamos concluir que la planta
productiva del sector de la construcción se compone en gran medida por empresas pequeñas
y micros.
Por otro lado, el consumidor de
construcción, administración pública o inversionista privado, requiere tener la
seguridad del buen destino de su inversión; y exige al constructor mecanismos que la
garanticen. Tradicionalmente, estos mecanismos o instrumentos han sido las fianzas.
Las fianzas más utilizadas en el sector son: para garantizar el buen uso del
anticipo, para garantizar el cumplimiento de las condiciones contractuales, y para
garantizar la reparación o corrección de vicios ocultos en una obra. Estas fianzas
se fijan típicamente en montos equivalentes al 30%, 10% y 10% respectivamente del monto
contratado. En términos muy simples, la compañía afianzadora, le dice al dueño
de la obra: si el constructor no te cumple, yo me hago responsable.
Bien, pues en el pasado
reciente, las compañías afianzadoras respondían por las empresas constructoras sin
revisar a fondo la solvencia de estas. Esto permitía que una constructora pudiera
contar con las garantías para el cliente, sin ser lo suficientemente solvente.
Entonces, el riesgo quedaba en manos de las afianzadoras; y cuando las cosas salían mal,
la afianzadora tenía que pagar los platos rotos. Cuando esta situación se hizo
insostenible, fue cuando la burra se hizo arisca. Después de la
quiebra de muchos de los jugadores del sector afianzador, se implementó una serie de
reglas nuevas que ahora obligan a las afianzadoras a garantizar la solvencia del
afianzado, para reducir así el riesgo ante el beneficiario. Hasta aquí, pareciera
que las resoluciones serían positivas para todos, ya que las afianzadoras jugarían con
menos riesgo, y las empresas constructoras serias y solventes contarían con una barrera
de entrada a potenciales competidores desleales o de menos seriedad.
El problema que teníamos se
acaba ahí, sin embargo, nace un nuevo problema. La mayoría de los oferentes
del servicio de construcción, la población de empresas que mencionaba al
principio, que ya había desarrollado una capacidad de venta, administración y
producción de un tamaño x, ahora se ven limitados por su capacidad de afianzamiento.
Simplemente dejan de tener acceso a estos instrumentos de un día para otro, y se quedan
fuera de la competencia. Podríamos pensar que esto es positivo para la
industria, si las empresas sobrevivientes pudieran satisfacer la demanda de
construcción por si mismas, hasta pudiéramos pensar que ahora tendrían mas
participación en el mercado. Sin embargo, estaríamos equivocados.
La demanda se compone por una
parte de consumidores que requieren que el servicio sea proveído por empresas grandes y
solventes, pero por otra parte, mucho mayor en tamaño, de consumidores que requieren la
proveeduría de micro-empresas especializadas y de alcance local. Entre estos
consumidores se encuentran las administraciones públicas municipales (mas de 2,500 en el
país), las administraciones estatales y los inversionistas privados, que buscan sobre
todo un ingrediente adicional, el trato personalizado de su proveedor.
Ante esta situación, la Cámara
Mexicana de la Industria de la Construcción, por encargo de su presidente, el Ing.
Netzahualcóyotl Salvatierra, ha buscado estar en contacto intensivo y diálogo
permanente, con las empresas afianzadoras y con la autoridad correspondiente, la Comisión
Nacional de Seguros y Fianzas, para buscar conjuntamente la solución a este problema.
Cabe señalar que en la encuesta nacional realizada por la CMIC a las empresas
constructoras mexicanas durante enero y febrero de este año, el problema más importante
y más recurrente por su incidencia en las menciones, fue precisamente la nueva y
disminuida capacidad de afianzamiento.
Ciertamente los empresarios
constructores tenemos un nuevo y grave problema, pero nada que no podamos solucionar
con diálogo y sentido de nacionalismo, por el bien de nuestras empresas y de nuestro
país.
Ing. Humberto Armenta
González
Vicepresidente del Sector Financiamiento
Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción |